La Reforma Universitaria
Resumen
El 10 de enero, como homenaje a Julio Antonio Mella, héroe estudiantil que devino héroe del proletariado y de la nación, la Revolución Cubana puso en vigor otra de sus medidas históricas: la Reforma Universitaria. La fecha no podía resultar más adecuada para culminar un trabajo iniciado meses antes pero que tiene sus raíces en luchas desenvueltas desde los
años 20 y antecedidas por el famoso «movimiento de Córdoba», en que la juventud estudiantil argentina expresó las inquietudes comunes a los estudiantes de toda la América Latina frente a la crisis de la docencia superior. Mella fue entre nosotros el más alto protagonista de esos intentos de reforma. Con su enorme personalidad, él le dio dramatismo y acción a la lucha. Y también fue su gran perspicacia política la que le ayudó a
comprender que los esfuerzos por derrotar las concepciones caducas y teológicas que prevalecían en nuestras universidades americanas eran parte de un proceso revolucionario más profundo y mayor: el que debería liberarnos de la coyunda imperialista y producir en nuestras tierras las transformaciones de fondo que las encaminarían -cada una por sus propias sendas- hacia el socialismo. Por ello, al resumir sus experiencias como dirigente estudiantil, después que ya había unido su
vida a la del proletariado militante, Julio Antonio Mella se preguntaba, ya en 1925: «¿Es capaz un gobierno de los que tiene hoy la América en casi todas sus naciones, de abrazar íntegramente los principios de la Revolución Universitaria?» Y se respondía, antes que otros dirigentes que muy pronto llegarían al mismo criterio: «Afirmamos que es imposible».
Para Mella, desde entonces, la solución de las dolencias de la universidad constituía solo una parte de la solución radical de los problemas de cada uno de nuestros pueblos.
años 20 y antecedidas por el famoso «movimiento de Córdoba», en que la juventud estudiantil argentina expresó las inquietudes comunes a los estudiantes de toda la América Latina frente a la crisis de la docencia superior. Mella fue entre nosotros el más alto protagonista de esos intentos de reforma. Con su enorme personalidad, él le dio dramatismo y acción a la lucha. Y también fue su gran perspicacia política la que le ayudó a
comprender que los esfuerzos por derrotar las concepciones caducas y teológicas que prevalecían en nuestras universidades americanas eran parte de un proceso revolucionario más profundo y mayor: el que debería liberarnos de la coyunda imperialista y producir en nuestras tierras las transformaciones de fondo que las encaminarían -cada una por sus propias sendas- hacia el socialismo. Por ello, al resumir sus experiencias como dirigente estudiantil, después que ya había unido su
vida a la del proletariado militante, Julio Antonio Mella se preguntaba, ya en 1925: «¿Es capaz un gobierno de los que tiene hoy la América en casi todas sus naciones, de abrazar íntegramente los principios de la Revolución Universitaria?» Y se respondía, antes que otros dirigentes que muy pronto llegarían al mismo criterio: «Afirmamos que es imposible».
Para Mella, desde entonces, la solución de las dolencias de la universidad constituía solo una parte de la solución radical de los problemas de cada uno de nuestros pueblos.
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